Jueces “reprobados” respiran aliviados: el Tribunal les regala pase directo a la recuperación

¿Por qué la falta de interés, compromiso y presentación de argumentos válidos de Zelandia Bórquez Estrada presidenta y de los otros miembros del tribunal de disciplina judicial del estado, respecto a garantizar la profesionalización y preparación para el desempeño de las 64 personas juzgadoras electas del poder judicial el año pasado, al señalar que, a pesar de que si en la evaluación que presentaron no obtengan una calificación mínima de 8 no perderán su cargo, presentando pretextos poco creíbles, sin demostrar hechos concretos o presentar pruebas, de que hay otras variables que forman parte de la evaluación, sino que podrían ser capacitados y evaluados extraordinariamente una vez más, como si no fuera suficiente para demostrar su capacidad y en todo caso, después de ello, si no aprueban nuevamente podrían ser removidos?
Para alivio de quienes deciden el destino legal de los ciudadanos en el estado, reprobar un examen no es el fin del mundo, ni mucho menos el fin de su quincena. Las 64 personas juzgadoras electas que actualmente están bajo la lupa del Tribunal de Disciplina Judicial no perderán su silla de manera automática si no logran el ansiado ocho de calificación. En un acto de profunda comprensión institucional, tendrán derecho a un examen extraordinario y, de ser necesario, a clases de regularización.
Zelandia Bórquez Estrada, magistrada presidenta del organismo, fue la encargada de calmar los nervios en los pasillos de los juzgados. Confirmó que la recopilación de datos de esta evaluación terminará en septiembre y los esperados dictámenes verán la luz en octubre.
El milagro de la calificación global
Si usted se preguntaba cómo es posible que un juez con áreas de oportunidad siga dictando sentencias, la respuesta está en la ponderación. La calificación mínima es ocho, pero el Tribunal se apresuró a aclarar que ese número no depende únicamente del examen de conocimientos que acaban de presentar. Afortunadamente para algunos, la nota final es un promedio que incluye capacidad, profesionalismo y preparación. Al parecer, si la teoría jurídica falla, el buen trato y la presencia podrían salvar la toga.
La escuelita judicial y los suplentes
Si, a pesar de las facilidades, algún juzgador no logra juntar el codiciado ocho, la Ley Orgánica y la Constitución acudirán al rescate.
- Capacitación correctiva: Los reprobados pasarán a una segunda etapa donde el Tribunal les recetará medidas correctivas; es decir, se les mandará a estudiar para que dominen los temas que se suponía ya dominaban antes de pedir el voto popular.
- El adiós definitivo: Solamente si el funcionario vuelve a fracasar en su “examen extraordinario”, se procederá con su remoción del cargo.
- El premio de consolación: En caso de despido, no habrá que gastar en nuevas elecciones. El puesto será entregado automáticamente al candidato que quedó en la siguiente posición de la lista de votación. Un sistema muy práctico donde el subcampeón hereda el mazo.
¿Exigir excelencia? Mejor no exagerar
Mientras tanto, los litigantes que sufren el día a día en los juzgados no comparten el optimismo del Tribunal. ya que diversas voces han sugerido, sin ser escuchados, elevar la vara y exigir un nueve para aprobar, argumentando que las deficiencias en los juzgados familiares y civiles son evidentes.
La presidenta del Tribunal, sin embargo, defendió estoicamente el modesto ocho. Aseguró que el parámetro no es un “capricho”, sino el resultado de rigurosos criterios técnicos y estudios sobre el desempeño real.
En otras palabras: exigir un nueve en este momento quizá dejaría los tribunales mucho más vacíos de lo que el sistema judicial estaría dispuesto a admitir.
¿Esa es el perfil y capacidad de las y los juzgadores que se merece San Luis Potosí?,
