• 2 octubre, 2026 05:20

Zacahuil crudo:

De intenciones y promesas está lleno el valle de lágrimas de la política…

Por el Ángel Guardián / 2 de octubre de 2026

El empresario huasteco Gerardo Sánchez Zumaya llegó a la política potosina con la misma lógica con la que presumiblemente ha manejado sus negocios: convencido de que todo tiene precio y de que, con suficientes contratos rondando en sus empresas, cualquier puerta se abre.

Políticamente, construyó una estructura, recorrió municipios, usó una fundación, grabó videos y transmitió “en vivos”, abrazó niños y viejitas, compró voluntades de medios y se posicionó como enemigo abierto del Gallardismo, pretendiendo sacudir la política potosina.

Lo que al parecer no calculó —o calculó mal, que en política es lo mismo— es que el dinero compra estructuras, pero no compra legitimidad y que, en política, la diferencia entre un candidato y un gastador entusiasta puede ser más delgada que un alto saldo bancario.

Aunque el propio Sánchez Zumaya se identificaba y se inscribió sin suerte a MORENA y esperaba encabezar una candidatura conjunta con el PT, solo logró el apoyo de este último, lo que fue una señal de que el abrazo del oficialismo de los liderazgos de la 4T, no llegarían tan cálidos como él anticipaba, como se los habían ofrecido, o como se los hicieron creer.

El huasteco apostó a que Adán Augusto López, como protagonista político en la 4T, extendería el paraguas morenista sobre las pretensiones de su candidatura, lo que fue sin duda un cálculo extremadamente generoso e ingenuo, ya que no consideró que el ex secretario de gobernación libra contra

corriente sus propias batallas políticas y de rendición de cuentas, así como que, en las prioridades del tabasqueño, apoyar una candidatura al gobierno de San Luis Potosí, no estaba dentro de sus máximas prioridades.

La protección y apoyo político que el huasteco imaginó, sencillamente, no llegó. Y sin esa cobertura, con el PT solo —sin la marca de MORENA— resultó ser un vehículo de alta gama, pero sin motor, sin llantas y sin gasolina.

El capítulo final de esta breve carrera política se escribió con un comunicado digno de encuadrar. “Hay momentos en los que debemos hacer una pausa, valorar prioridades y atender circunstancias que exigen toda nuestra atención”, declaró Zumaya al renunciar a lo que él llamó su precandidatura, sin saber siquiera que ni precandidato era, con una prosa que podría tener de origen un retiro espiritual, una citación del Ministerio Público o el congelamiento de cuentas bancarias propias y de cercanos. Jala más una acción de este tipo, que mensajes, llamadas o reuniones en el palacio en Bucareli.

Lo que el comunicado no mencionó —con la discreción que caracteriza a quienes sí saben cuándo callar— es que sus antecedentes, sus nexos y vínculos con la realeza López obradorista, que en su momento lucían como credenciales de oro, se convirtieron en exactamente lo contrario: en un réquiem para sus pretensiones políticas para el 2027. 

Habrá que ver lo que el huasteco decide hacer con su discurso, sus ahijados de los medios, sus promesas, sus enemigos que hizo y sus aspiraciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *