• 24 julio, 2026 05:02

El dicharachero: Dichos para estos tiempos.

“A los amigos, justicia y gracia;

a los enemigos, la ley a secas…”

Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 24 de julio de 2026

Hay dichos que se empeñan en seguir describiendo el presente.

Uno de ellos es el de esta semana, si bien algunos atribuyen este dicho a Benito Juárez, su origen es más antiguo.

Hoy la palabra gracia suele asociarse con la simpatía o con un simple gesto amable, pero hace siglos significaba algo muy distinto.

En la antigua monarquía española, además de impartir justicia, el rey podía conceder gracias: favores o privilegios que permitían dar a ciertas personas un trato que la ley, por sí sola, no concedía. Para unos, la justicia podía suavizarse; para otros, sólo quedaba la ley, a secas.

Y, por lo visto, esta semana ese viejo dicho volvió a cobrar vigencia.

La fiscalía general de la República inició una investigación que alcanzó a Ernesto Ruffo, el primer gobernador de oposición en la historia moderna del país, quien en 1989 puso fin a la hegemonía priista en Baja California. Hoy milita en Somos México, un movimiento identificado con la oposición.

No sabemos cuál será el desenlace del caso, ni corresponde anticipar responsabilidades. Lo relevante es que el Estado asumió la investigación y ésta llegó hasta una de las figuras más representativas de la oposición.

La pregunta es inevitable: ¿ese mismo criterio se aplica en todos los casos? Justo ahí, aparece el ejemplo de La Barredora.  Es cierto, existen detenidos y un proceso penal en marcha.

Sin embargo, cuando el debate público comenzó a señalar la posible responsabilidad de Adán Augusto López, exgobernador de Tabasco y exsecretario de Gobernación, la respuesta oficial no fue anunciar una investigación para determinar si existía alguna responsabilidad de su parte.

El mensaje fue otro: si hay pruebas, preséntenlas.

Algo parecido ocurrió con el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Después de la solicitud formulada por el gobierno de Estados Unidos para su detención, tampoco vimos el anuncio de una investigación iniciada para esclarecer los hechos.

La respuesta volvió a ser la misma: que se presentaran pruebas.  Y ahí aparece la diferencia.

Cuando se trata de personajes de oposición, el Estado parece asumir la tarea de investigar y llevar las indagatorias hasta donde sea necesario.

Pero cuando los señalamientos alcanzan a figuras cercanas al propio poder, el discurso cambia y la carga parece trasladarse a los ciudadanos: traigan ustedes las pruebas.

En unos casos, el Estado investiga para saber si existe responsabilidad; en otros, pareciera esperar a que alguien más le entregue los elementos para comenzar. Hace siglos eso tenía un nombre: gracia.

Hoy ya no se concede por el rey, sino, quizá, en el distinto impulso que reciben las investigaciones dependiendo de quién sea el señalado.

Y cuando los ciudadanos perciben que la ley cambia de intensidad según el nombre, el cargo o la cercanía con el poder, el daño deja de ser para un expediente en particular.

El daño es para la confianza en la justicia.

Tal vez por eso aquel dicho sigue tan vigente.

Porque nuestros gobernantes siguen actuando como si todavía viviéramos en una monarquía.

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