• 24 abril, 2026 05:22

El dicharachero: Dichos para estos tiempos.

“La verdad saldrá a flote”

Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 23 de abril de 2026

Una expresión popular que parte de una idea sencilla: por más que algo se intente esconder, tarde o temprano termina apareciendo. Como aquello que se hunde en el agua, pero, por su propia naturaleza, vuelve a la superficie. El dicho se usa para recordar que la mentira puede ganar tiempo, pero rara vez gana para siempre.

Y eso parece haber ocurrido con el derrame petrolero en el Golfo de México. Por fin salió a flote la verdad sobre un episodio que durante semanas estuvo rodeado de versiones confusas, evasivas y negativas oficiales.

Petróleos Mexicanos terminó reconociendo que el origen fue una fuga en un ducto de 36 pulgadas en la zona de Abkatún, dentro del complejo Cantarell. También se informó la separación de funcionarios por ocultamiento y fallas en los reportes internos.

Y no, esta vez no fue culpa de algún fantasma del pasado al que suele recurrirse cuando el presente incomoda. Fue un problema de esta administración, en una empresa bajo su mando y con responsabilidades plenamente vigentes. Conviene decirlo con serenidad: un accidente industrial, por lamentable que sea, puede ocurrir.

Ninguna operación de gran escala está exenta de riesgos técnicos, errores humanos o fallas materiales. Lo verdaderamente grave no fue solo el derrame. Lo escandaloso fue lo que vino después. Porque durante más de dos meses no hubo transparencia, sino silencio.

Mientras el hidrocarburo avanzaba sobre costas, la narrativa oficial parecía más ocupada en deslindarse que en explicar.

Solo cuando la evidencia se volvió imposible de ignorar apareció la admisión.

Y aunque se anuncien responsabilidades, parecería que éstas recaen en funcionarios de nivel medio. ¿En verdad algo así ocurrió sin que los altos mandos de PEMEX y del gobierno se enteraran?

Solo nos dejan dos opciones, o fueron cómplices del silencio, o exhiben un nivel de incompetencia tan extraordinario que costaría creerlo… aunque, vistos los antecedentes, tampoco resultaría imposible.

Ahí está el verdadero fondo del asunto. Los ciudadanos comprendemos que una tubería falle. Lo que no deberían normalizar es que también falle la obligación de decir la verdad.

Porque cuando una institución tarda meses en reconocer su responsabilidad, el daño deja de ser únicamente ambiental; también se erosiona la confianza pública y, recuperar esa confianza es mucho más difícil que limpiar una playa.

Queda además una duda inevitable: ¿aceptaron porque concluyó una investigación seria, porque internamente ya no pudieron sostener la versión inicial, o porque el tema comenzó a cruzar fronteras y a convertirse en asunto internacional? Cualquiera de las respuestas deja una lección incómoda.

En política, como en el mar, hay manchas que tarde o temprano terminan por verse. Y por más comunicados, excusas o culpables heredados que se busquen, hay verdades que siempre encuentran la manera de salir a flote.

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