• 22 mayo, 2026 05:02

El dicharachero: Dichos para estos tiempos.

“En menos de lo que canta un gallo…”

Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 22 de mayo de 2026

Esta es una frase popular que utilizamos para referirnos a algo que ocurre rapidísimo, casi de manera inesperada.

Y la frase encuadra con lo que está ocurriendo actualmente en el caso Sinaloa.

Porque, en menos de lo que canta un gallo, Estados Unidos encontró la manera de destrabar la detención de cuando menos dos implicados en el conflicto sinaloense.

No hubo persecuciones espectaculares ni escenas dignas de película.

La estrategia aparentemente fue mucho más sencilla: generar las condiciones para que algunos de los involucrados decidieran entregarse por cuenta propia ante autoridades estadounidenses.

Y eso permite entender el conflicto desde otro ángulo.

Porque una entrega de este nivel jamás ocurre de manera improvisada. Requiere comunicación previa, negociación y garantías suficientes para hacer que alguien de ese perfil decida cruzar voluntariamente hacia la jurisdicción norteamericana.

Pero además deja algo claro: la intervención de Estados Unidos en temas de seguridad mexicana ya no es una posibilidad futura.

Al menos en inteligencia y operación, desde hace tiempo existen canales de comunicación y negociación funcionando dentro del propio territorio mexicano.

Ahí es donde la frase adquiere una segunda connotación, ahora mucho más folclórica.

Porque en menos de lo que canta un gallo, quienes ayer eran piezas clave dentro del conflicto criminal mexicano podrían convertirse ahora en fuentes de información privilegiada para el gobierno estadounidense.

Y todos sabemos cómo funciona eso.

La justicia norteamericana no solamente busca capturar personas; busca nombres, rutas, operadores financieros, redes políticas, estructuras militares y vínculos institucionales.

En otras palabras: busca que los detenidos, como el gallo, canten.

Y mientras más valiosa sea la información, mejores pueden llegar a ser los acuerdos.

Porque detrás del tema jurídico siempre existió un fondo político, aunque ahora comienza a hacerse mucho más evidente.

Sobre todo, cuando entre los involucrados aparece incluso un general retirado del Ejército.

Porque ahí ya no hablamos únicamente de delincuencia organizada o corrupción local, sino de alguien con acceso a información sensible y conocimiento privilegiado sobre el funcionamiento interno del Estado mexicano.

Porque al final, el problema para México no es únicamente que ciertos personajes hayan terminado en manos estadounidenses.

El verdadero problema es que, una vez allá, el conflicto deja de estar bajo control mexicano.

Los tiempos, las revelaciones, las acusaciones y hasta los nombres que eventualmente salgan a la luz ya no dependerán de las instituciones nacionales, sino de los intereses políticos y judiciales de Washington.

Y quizá eso sea lo más preocupante de todo.

Que en menos de lo que canta un gallo, México pasó de dirigir el conflicto… a simplemente reaccionar a decisiones tomadas desde fuera.

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