El dicharachero: Dichos para estos tiempos.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver…”
Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 8 de mayo de 2026
El dicho de esta semana habla de quienes, aun teniendo las cosas enfrente, deciden ignorarlas. No porque no puedan ver la realidad, sino porque reconocerla implicaría enfrentar consecuencias incómodas.
Y eso parece estar ocurriendo con la respuesta del gobierno federal frente al problema que hoy representa Sinaloa.
Porque a estas alturas el tema ya dejó de ser solamente una acusación o un escándalo mediático.
La presión de Estados Unidos sigue creciendo, el asunto ya escaló políticamente y las implicaciones comienzan a extenderse mucho más allá del ámbito local. Pero, aun así, la reacción oficial sigue moviéndose entre minimizar el problema, pedir pruebas y actuar como si todavía hubiera margen para administrarlo políticamente.
Y ahí es donde se encuentra el mayor riesgo.
Porque más allá de si las acusaciones terminan siendo ciertas o no, el problema es que el gobierno parece no entender el tamaño de lo que se está formando alrededor. Y no solo por lo que ocurre en México, sino por el momento político que vive Estados Unidos.
Porque tampoco es que Washington esté actuando por buena voluntad o por un repentino interés moral. Durante años ha señalado al narcotráfico mexicano, pero rara vez reconoce con la misma fuerza el enorme aparato de distribución, consumo y lavado de dinero que existe dentro de su propio territorio.
Las drogas podrán cruzar la frontera desde México, sí, pero difícilmente llegan solas hasta las principales ciudades norteamericanas.
El problema es que, aun con toda esa hipocresía de por medio, eso no vuelve menos delicada la situación actual.
Sobre todo, cuando Donald Trump atraviesa un momento complicado de popularidad y se acerca nuevamente un proceso electoral. Porque en ese escenario, México se convierte en el enemigo perfecto para alimentar un discurso nacionalista que históricamente le ha funcionado muy bien ante su electorado.
Porque para Trump, endurecer el discurso contra México siempre ha dado resultados con una parte importante de sus simpatizantes.
Y mientras más se perciba que el gobierno mexicano minimiza o evade el problema, más fácil se vuelve alimentar ese discurso.
Por eso resulta tan contradictoria la postura que ha asumido el propio gobierno federal.
Por un lado, se insiste en que no habrá impunidad, pero al mismo tiempo se afirma que no existen elementos para considerar que el gobierno de Sinaloa esté involucrado con la delincuencia organizada.
Y esa postura, lejos de dar margen, termina acorralándolos más.
Porque si mañana la presión aumenta y terminan actuando en otro sentido, quedará la impresión de que no fue resultado de una investigación propia, sino de una imposición externa.
Pero si se mantienen en la negación absoluta, el costo internacional y el riesgo de una intervención directa seguirán creciendo.
Mientras más tiempo pase, menos espacio queda para sostener ambas cosas al mismo tiempo.
Y en política, como en la vida, ignorar un problema rara vez hace que desaparezca; normalmente solo hace que crezca.

