• 5 noviembre, 2026 05:15

Acuario de ocurrencias en tierra de sed.

Reflexiones de Samuel Moreno ✒️ 5 de noviembre de 2026

En San Luis Potosí parece que las prioridades pueden esperar, pero las ocurrencias no. Mientras la zona metropolitana enfrenta problemas de abastecimiento de agua, deficiencias en servicios públicos y necesidades de infraestructura que siguen sin resolverse, desde el Gobierno del Estado se plantea destinar más de 150 millones de pesos a la construcción de un acuario con más de 25 tiburones en el Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes, ubicado en la capital potosina.

Una inversión que, antes de despertar entusiasmo, tendría que provocar varias preguntas.

La justificación de que los niños necesitan nuevas atracciones porque ya se aburrieron de las instalaciones actuales parece quedarse corta frente a la dimensión del proyecto.

Si el Museo Laberinto requiere una renovación, hay mucho por hacer antes de pensar en convertirlo en una especie de sucursal del océano. Sus instalaciones necesitan mantenimiento, varios de sus equipos presentan desgaste y hay espacios que deberían recuperar su función educativa.

Modernizar un museo es una cosa y comprometer millones de pesos en un acuario de tiburones es otra muy distinta.

El asunto tampoco termina con la construcción. Un acuario de agua salada necesita suministro permanente de agua, sistemas de filtración, bombeo y regulación de temperatura, además de alimentación y atención veterinaria especializada. Su operación representa un gasto constante y exige infraestructura para tratar adecuadamente los residuos y las descargas.

En una zona metropolitana donde el acceso al agua continúa siendo una preocupación para miles de familias, resulta inevitable cuestionar de dónde saldrá el recurso necesario para mantener una instalación de estas características y cuánto terminará costando a largo plazo.

A esto se suma el bienestar de los animales.  No basta con colocar tiburones detrás de enormes cristales para convertirlos en una atracción turística.

Se necesita conocer qué especies se pretende incorporar, de dónde provendrán, bajo qué condiciones permanecerán en cautiverio y qué objetivos de conservación o investigación científica respaldan su exhibición.

La contradicción resulta todavía más evidente cuando se observan las condiciones de algunos animales que ya forman parte del Museo Laberinto, donde el mantenimiento y el cuidado de la fauna existente también merecen atención.

No es casualidad que el proyecto haya generado cuestionamientos desde distintos frentes. Incluso el alcalde Enrique Galindo Ceballos puso en duda su viabilidad ante la falta de información sobre el impacto ambiental, la disponibilidad de agua y las características técnicas de la obra.

No se trata de frenar cualquier iniciativa turística, sino de exigir que las propuestas de esta magnitud tengan sustento y no se conviertan en decisiones tomadas al calor de la espectacularidad.

San Luis Potosí necesita espacios recreativos, culturales y educativos, pero también necesita agua, mejores servicios, infraestructura funcional y atención a problemas que afectan diariamente a sus habitantes. La inversión pública debería partir de esas necesidades y no de la búsqueda permanente de proyectos que luzcan bien en una fotografía o generen aplausos por su novedad.

Porque mientras hay colonias que todavía esperan soluciones para sus problemas de abastecimiento, el gobierno parece dispuesto a llevar tiburones hasta la capital potosina.

Y aunque la idea pueda resultar atractiva para una campaña turística, la pregunta sigue siendo la misma:

¿De verdad no hay prioridades más urgentes en San Luis Potosí que construir un acuario en tierra de sed?

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