Soledad e INTERAPAS:
El divorcio que nadie quiere firmar.
Apuntes de Rolando Morales ✒️ 25 de agosto de 2026
Hay divorcios que se anuncian tanto que uno empieza a sospechar que, en realidad, nadie tiene demasiadas ganas de firmar los papeles. Eso parece estar ocurriendo con Soledad de Graciano Sánchez y el INTERAPAS.
El alcalde verde Juan Manuel Navarro Muñiz lleva casi dos años anunciando la separación, cambiando únicamente la fecha de la boda… perdón, del divorcio.
En octubre de 2024 aseguró que la salida sería definitiva; en julio de 2025 defendió que no era una ocurrencia y que había estudios de factibilidad; en enero de 2026 habló de un “divorcio de mutuo consentimiento”; en marzo dijo que ese mes comenzaría el procedimiento ante el Congreso; a finales de marzo sostuvo que iban “viento en popa” y que en dos meses se concretaría; en junio afirmó que estaban “a nada” y que sería cuestión de días; y ahora, en agosto, el divorcio dejó de ser amistoso para convertirse en “necesario”.
El problema es que, mientras Navarro anuncia una y otra vez la salida, la separación sigue atorada en esa extraña dimensión administrativa donde todo está “avanzado”, “en la etapa final”, “a punto de concretarse” o “en los próximos días”, pero nunca termina de ocurrir.
Por su parte, el alcalde Enrique Galindo acaba de reconocer que después de tres mesas de trabajo dejaron de reunirse con Soledad y que el asunto permanece en un limbo. Ni siquiera hubo asistencia completa a la última Junta de Gobierno.
Es decir, para divorciarse ya hasta dejaron de verse, pero todavía comparten casa, cuentas, infraestructura, deudas y, sobre todo, el mismo problema del agua.
Y aquí aparece la parte verdaderamente interesante: quizá a todos les convenga más hablar de la separación que consumarla. Porque INTERAPAS tiene un talento político extraordinario: ser el enemigo número uno de prácticamente todo lo que sale mal en materia de agua.
Para Soledad, es el organismo que no atiende, que no invierte, que cobra mal o que cobra mucho, que deja colapsos y que no resuelve el desabasto. Para algunos diputados es el responsable de la crisis. Para el Gobierno estatal es un organismo que hay que reformar o desaparecer.
Y para Galindo, presidente de su Junta de Gobierno, es el problema que recibe cuando Soledad no participa, no paga o no acude a las reuniones.
Maravilloso: todos tienen a quién señalar y nadie tiene todavía que demostrar que puede hacerlo mejor. Porque una cosa es decir que Soledad se va y otra bastante distinta es explicar cómo va a operar el día siguiente.
La presidenta de la Comisión del Agua del Congreso, Nancy Jeanine García Martínez, ya advirtió que no existe un proyecto, presupuesto ni esquema definido para garantizar el servicio si se concreta la salida.
Y el Consejo Hídrico Estatal ha señalado que separar administrativamente municipios que comparten acuífero y cuenca no resuelve mágicamente la crisis.
El agua, por cierto, tiene la pésima costumbre de ignorar las fronteras municipales.
Mientras tanto, las cifras tampoco ayudan a vender la idea de una separación sencilla. La cartera vencida de INTERAPAS llegó a mil 807 millones 468 mil 882 pesos al cierre de junio, 11.9 por ciento más que un año antes. En Soledad el adeudo vencido creció 17.1 por ciento, hasta 586 millones 952 mil 827 pesos. Y el propio organismo reconoce que una parte importante de los usuarios no paga.
Así que el divorcio no sería solamente emocional: habría que repartir bienes, deudas, infraestructura, pozos, concesiones, trabajadores y responsabilidades. Por eso resulta difícil no pensar que la interminable pelea alrededor de INTERAPAS tiene una utilidad política demasiado conveniente como para abandonarla.
Mientras exista el organismo, existe el villano. Mientras la separación siga “a punto”, se puede seguir prometiendo que el próximo capítulo resolverá todos los problemas.
Y cuando falte agua, siempre habrá una declaración lista para explicar que la culpa fue del otro.
El verdadero riesgo sería que Soledad finalmente se vaya y descubra que, sin INTERAPAS como enemigo, también tendrá que hacerse responsable de los resultados. Ahí sí empezaría el verdadero divorcio: el que ya no permite seguir culpando al ex.
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