• 11 mayo, 2026 05:01

La tentación de romper el medidor…

Apuntes de Rolando Morales ✒️ / 11 de mayo de 2026

En San Luis Potosí ya entendimos algo: hablar mal de Interapas da votos. Y prometer salirse de él, todavía más.

La crisis del agua ha sido tan compleja, tan cotidiana, tan exhausta y tan desesperante, que cualquier discurso que huela a ruptura institucional encuentra eco inmediato entre colonias donde abrir la llave se volvió un acto de fe.

En ese contexto, la propuesta de desincorporar municipios del organismo operador no sólo parece lógica: políticamente es rentable.

Porque sí, hay razones de sobra para cuestionar al Interapas. Años de fugas normalizadas, infraestructura colapsada, cobros discutibles, zonas enteras sobreviviendo con tandeos y una burocracia incapaz de responder al tamaño de la emergencia.

Defender el estado actual del organismo sería negar la realidad, pero otra cosa muy distinta es vender la idea de que desaparecerlo o fragmentarlo resolverá por sí solo la crisis hídrica. Ahí empieza el problema.

En los últimos años, cada actor político ha encontrado en el Interapas al villano perfecto. Es cómodo. La institución carga con décadas de desgaste y con la frustración acumulada de cientos de miles de usuarios.

Entonces aparecen propuestas que suenan contundentes: “que Soledad se salga”, “que cada municipio opere solo”, “que se acabe el monopolio del agua”. Frases simples para problemas extremadamente complejos. El detalle es que el agua no entiende de límites municipales ni de discursos de campaña.

Las redes hidráulicas están conectadas. Los acuíferos también. Las plantas, los pozos, los colectores y los sistemas de distribución fueron construidos bajo una lógica metropolitana que, aunque imperfecta, responde a una realidad física: la mancha urbana ya rebasó desde hace años las fronteras políticas entre la capital, Soledad, Cerro de San Pedro y si también el joven Villa de Pozos.

Romper el organismo puede generar una victoria narrativa inmediata. Incluso una victoria electoral. Lo que no garantiza es agua.

Porque administrar un sistema hídrico no consiste únicamente en cobrar recibos y mandar pipas.

Implica inversión multimillonaria, planeación técnica de largo plazo, capacidad operativa, mantenimiento constante y una visión regional que ningún municipio, por sí solo, ha demostrado tener.

La discusión además suele quedarse en la superficie: quién controla el organismo, quién recauda, quién nombra directores, quién capitaliza políticamente el enojo ciudadano.

Pero rara vez se habla del fondo verdadero: el agotamiento de los acuíferos, el crecimiento urbano desordenado, la sobreexplotación industrial, la pérdida brutal de agua por fugas y la ausencia histórica de infraestructura suficiente.

Cambiar el logotipo no arregla eso.

Y quizá ahí está la mayor trampa del debate actual: hacer creer que el problema del agua es administrativo, cuando en realidad es estructural.

Desincorporar municipios puede convertirse en una medida mediáticamente atractiva. Incluso puede responder a reclamos legítimos de autonomía o eficiencia.

Pero si esa discusión no viene acompañada de proyectos reales de abastecimiento, saneamiento, rehabilitación de redes y sustentabilidad hídrica, entonces sólo estaremos fragmentando el problema para administrarlo por separado. Como si dividir un edificio en ruinas evitara que se siga cayendo.

La política potosina lleva años reaccionando al agua únicamente cuando la crisis explota. Nunca antes.

Se anuncian pozos como trofeos, se inauguran reparaciones como si fueran mega obras y se usan las fallas del sistema como combustible electoral permanente. Mientras tanto, el acuífero sigue bajando.

Y esa es la parte más incómoda: ningún municipio tiene hoy una solución integral. Ni Interapas tampoco.

Por eso el debate serio no debería centrarse únicamente en si el organismo desaparece o no. La verdadera pregunta es otra: ¿quién tiene un plan hídrico viable para los próximos veinte años? Hasta ahora, casi nadie responde eso.

Porque prometer agua siempre ha sido más fácil que garantizarla.

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