• 9 septiembre, 2026 03:26

Galindo y la improbable conversión guinda.

Apuntes de Rolando Morales ✒️ 8 de septiembre de 2026

Hay acercamientos políticos que nacen de la convicción y otros que nacen de la calculadora.

El eventual acercamiento de Enrique Galindo Ceballos con MORENA, de concretarse, tendría más pinta de lo segundo: una operación de supervivencia electoral ante la dificultad de construir, por sí solo, un conjunto competitivo rumbo al 2027.

Porque una cosa es que el alcalde diga que mantiene “camaradería política” con Rita Ozalia Rodríguez y otra muy distinta es imaginar que, de pronto, descubrió que los principios de la llamada Cuarta Transformación siempre fueron compatibles con su trayectoria. Eso sí sería una conversión exprés digna de registro histórico.

Galindo no llegó a la política desde la izquierda ni desde los movimientos sociales que dieron origen a MORENA. Su trayectoria se construyó durante décadas en las estructuras de seguridad pública de gobiernos priistas, hasta llegar a la Policía Federal.

En 2021 fue postulado por una coalición integrada por PRI, PAN y PRD después de haber refrendado públicamente más de 30 años de militancia priista. Es decir, si algún día aparece con camisa guinda, habrá que reconocerle una capacidad camaleónica considerable: pasó del priismo de toda la vida a compartir boleta con el PAN y ahora podría terminar tocando la puerta de MORENA.

Tampoco ayuda demasiado su historial de relaciones internacionales para vender la idea de una afinidad ideológica natural con la 4T. Durante su administración ha buscado reflectores y vínculos con sectores empresariales, gobiernos extranjeros y organismos internacionales.

En Madrid se reunió con integrantes del Senado español, entre ellos el popular Rafael Hernando; en Washington recibió un reconocimiento con Luis Almagro, secretario general de la OEA, y hasta le entregó un reconocimiento por su defensa de la democracia y los derechos humanos. Almagro, además, fue una de las figuras internacionales más críticas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en distintos momentos.

Galindo tampoco ha ocultado su apuesta por la promoción internacional, la inversión y los vínculos con organismos financieros y empresariales, como ocurrió en FITUR y con el Banco de Desarrollo de América Latina.

No se trata de afirmar que reunirse con un funcionario extranjero convierta automáticamente a alguien en conservador, porque eso sería una caricatura. Pero sí resulta difícil vender como evolución ideológica lo que tendría mucho más de pragmatismo electoral. Sobre todo, cuando el propio Galindo ha dejado señales bastante más claras que cualquier fotografía diplomática.

En agosto pasado, dijo que con MORENA sí se sentaría a platicar, mientras que con el Verde ni siquiera negociaría y, según sus palabras, si hubiera que ir a la “arena política”, sería contra ese partido.

Y luego vino la frase que quizá explique mejor todo el escenario al señalar que recibe atenciones políticas por parte de MORENA: “Me da pena decir que solo en donde no las tengo es en mi partido”. Ahí ya no parece solamente camaradería. Parece un mensaje lanzado con destinatario conocido.

Galindo dice que no hay ruptura con el PRI, pero al mismo tiempo exhibe públicamente que recibe mejores atenciones de MORENA y del PAN que del partido que lo llevó a la alcaldía. También ha marcado distancia con la dirigencia priista y se ha mostrado más cómodo hablando de puertas abiertas que de lealtades partidistas.

El problema para Galindo es que MORENA no es solamente una franquicia electoral a la que uno pueda llegarcon trayectoria priista, una coalición panista detrás y varios reconocimientos internacionales bajo el brazo.

Es un movimiento con una supuesta identidad política construida alrededor de la llamada Cuarta Transformación, al menos en el discurso, pese a los perfiles “prianistas” que abundan en ese partido.

Y ahí es donde la operación comienza a parecer forzosa: si el PRI no le garantiza una candidatura competitiva, el PAN no termina de ofrecerle certeza y el Verde es, para él, territorio enemigo, entonces queda MORENA como la puerta que todavía puede tocar. No necesariamente porque Galindo se haya vuelto morenista, sino porque necesita que alguna puerta se abra.

Por eso el acercamiento, si finalmente ocurre, será mucho más interesante por su desesperación electoral que por su supuesta conversión ideológica. Porque una candidatura competitiva no se fabrica cambiando de color como quien cambia de corbata.

Y si MORENA decide abrirle la puerta, tendrá que explicar a sus bases por qué el hombre que durante décadas transitó por el priismo, llegó al Ayuntamiento por el PRIAN y ahora enfrenta al Verde, de pronto resulta ser la pieza que faltaba para la Cuarta Transformación potosina.

La política, ya se sabe, puede hacer extraños compañeros de cama. Pero algunas parejas requieren demasiada explicación antes de llegar al altar.

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