El dicharachero: Dichos para estos tiempos.
“El pez por su propia boca muere”
Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 28 de agosto de 2026
El dicho de esta semana tiene un origen bastante gráfico: para atrapar al pez hace falta que abra la boca y muerda el anzuelo. De ahí que con el tiempo la expresión terminara aplicándose a quienes, por hablar de más, acaban metiéndose en problemas.
Y esta semana parece que tuvimos más de un pez.
Después de 112 días separado de la gubernatura de Sinaloa, las acusaciones en contra de Rubén Rocha Moya no habían desaparecido, pero entre tantos problemas nacionales, su caso comenzaba a parecer uno más de la lista, hasta que decidió abrir la boca.
Rocha anunció que retomaba el cargo argumentando que, después de ese largo tiempo de la investigación, no existían elementos que acreditaran alguna conducta penal de su parte, y con ello, consiguió exactamente lo contrario: al querer dejar atrás el asunto: él mismo volvió a colocarlo en el centro de la conversación.
Su regreso obligó a todos a hablar.
La Secretaría de Gobernación recordó que las carpetas de investigación de la FGR continuaban abiertas. MORENA se deslindó de su decisión. Legisladores y gobernadores del propio movimiento cuestionaron su regreso y la presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que no había sido consultada.
Cuesta trabajo pensar que, después de 112 días fuera, Rocha decidiera regresar sin consultar a nadie. Sólo podemos especular sobre quién pudo aconsejarlo.
Lo que sí sabemos, porque la propia presidenta lo dijo, es que con ella no lo consultó.
Pero resulta que Rocha no era el único que había hablado de más.
Apenas diez días antes de su regreso, Sheinbaum había sido cuestionada sobre por qué Rocha Moya continuaba separado del cargo, si los Estados Unidos seguían sin entregar las pruebas solicitadas por México.
La respuesta presidencial fue sencilla: “es una decisión de él”.
El viernes, Rocha Moya decidió regresar y, ese mismo día, Gobernación calificó su reincorporación como una determinación “exclusivamente de carácter personal”.
Sin embargo, para el lunes el tono había cambiado: Sheinbaum aseguró que el regreso no le parecía pertinente, por decir lo menos y volvió a poner sobre la mesa que las investigaciones seguían abiertas.
Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿en qué momento una decisión personal dejó de ser tan personal?
Mientras Rocha permaneció de licencia, el discurso resultaba cómodo: Estados Unidos hacía señalamientos, pero no enviaba las pruebas que México le exigía. El gobernador permanecía separado y el asunto podía seguir su curso sin demasiadas explicaciones.
El problema llegó cuando Rocha decidió volver.
Entonces ya no bastaba recordar que Estados Unidos no había enviado las pruebas; ahora había que recordar también que las investigaciones mexicanas seguían abiertas y que su regreso, aunque era decisión suya, no resultaba pertinente.
Y ahí es donde el dicho termina alcanzando a los dos.
Rocha abrió la boca y consiguió revivir un problema que comenzaba a perderse entre tantos otros.
Pero Presidencia también había hablado de más: mientras Rocha permaneció fuera insistió en la falta de pruebas y en que regresar era decisión suya; cuando decidió hacerlo, tendrá que cambiar el discurso para explicar por qué considera que no debería volver.
Al final, Rocha terminó nuevamente de licencia y Presidencia tratando de acomodar su discurso. Mientras tanto, sólo queda recordar que:
El pez por su propia boca muere.
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