La ciudad que los inspectores no ven…
Reflexiones del periodista Samuel Moreno ✒️ / 11 de junio de 2026
Hay dos San Luis Potosí. El primero aparece en los boletines oficiales, en las fotografías de operativos y en los reportes de establecimientos clausurados que difunde periódicamente la autoridad municipal.
El segundo es el que recorren todos los días miles de ciudadanos en las colonias, donde la venta irregular de alcohol, el comercio improvisado y los negocios que operan sin supervisión forman parte de una realidad que parece escapar de la vigilancia gubernamental.
El problema va más allá de la percepción vecinal. Los datos oficiales reflejan que la informalidad sigue siendo uno de los principales desafíos para la entidad.
De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, al cierre de 2025 la tasa de informalidad laboral en San Luis Potosí alcanzó el 56.4 por ciento de la población ocupada, lo que representa más de 713 mil personas trabajando en condiciones informales.
Es decir, más de la mitad de quienes generan una actividad económica en el estado lo hacen fuera de los esquemas formales de regulación, seguridad social o supervisión institucional.
Si bien la informalidad laboral y el comercio irregular no son exactamente el mismo fenómeno, ambos comparten un denominador común: la limitada capacidad de las autoridades para garantizar que las reglas se cumplan de manera uniforme.
Cuando en distintas colonias proliferan expendios clandestinos de alcohol, cocheras convertidas en bares improvisados o negocios que operan fuera de horario sin consecuencias aparentes, el mensaje para quienes sí cumplen con permisos, licencias e impuestos resulta profundamente desalentador.
Las denuncias vecinales se repiten en diferentes sectores de la capital.
Habitantes de zonas del sur, oriente y norte de la ciudad aseguran que los inspectores aparecen únicamente de manera esporádica o cuando existe presión mediática.
Mientras tanto, establecimientos que operan al margen de la normatividad continúan funcionando sin mayores contratiempos.
La pregunta es inevitable: ¿por qué algunos negocios enfrentan clausuras inmediatas y otros parecen mantenerse fuera del radar de la autoridad durante meses?
La regulación comercial no debería medirse por el número de sellos colocados en una cortina o por las fotografías difundidas en redes sociales.
Su verdadero éxito radica en generar certeza para todos los actores económicos y tranquilidad para los ciudadanos.
Hoy, sin embargo, la percepción que prevalece en muchas colonias es otra: que existe una ciudad donde la autoridad sí vigila y otra donde simplemente dejó de mirar.
Y mientras esa sensación persista, los discursos sobre orden seguirán chocando con una realidad que miles de potosinos observan todos los días desde la puerta de su casa.
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