• 3 marzo, 2026 05:06

Leviatán editorial – martes 030326

Crónica de un desayuno de color nostalgia, con muchos panistas y poco PAN.

Por: Ignacio R. Acosta / 3 de marzo de 2026

Cuando un partido político necesita que un ciudadano —y no su dirigencia— convoque a sus propios líderes y ex dirigentes para hablar de “unidad”, lo que en realidad está organizando no es un desayuno: es una terapia grupal con café de refill.  El encuentro fue en el restaurante Mista: cocina plural, como plural debió ser el PAN desde hace años.

No fue el Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional quien logró reunir a los suyos. Fue el empresario potosino Juan Carlos Villalobos quien hizo lo que la dirigencia no pudo: sentarlos a la misma mesa. Ya eso, de entrada, dice más que cualquier boletín de prensa.  Ahí estaban los pocos ex dirigentes estatales que aún contestan el teléfono: Héctor Mendizábal, Juan Francisco Aguilar, Antonio Herrán. Xavier Azuara estaba convocado… pero se disculpó unos minutos antes, optando por la saludable costumbre de no asistir a reuniones que huelen a ajuste de cuentas. A veces la ausencia es la postura más elegante.

También acudió el presidente del Comité Municipal, Juan Isidro Faz; la diputada plurinominal Mireya Vancini —que nadie en la mesa parecía ubicar del todo, pero que oficialmente representa algo, aunque no se sabe si azul o verde—; el cuatro veces diputado local Rubén Guajardo, Jaime Galván, Lidia Argüello, Cristina Govea (quien, como es tradición oral en cada mesa, recordó su amistad con Jorge Romero por si alguien la había olvidado en los últimos cinco minutos), Enrique Martín del Campo, Ángeles Rodríguez —que al parecer le resultó más sencillo faltar a su responsabilidad municipal que al desayuno, Mariano Niño, David Azuara y el secretario general, Enrique Dahud, a quien ante la ausencia de la presidenta, le tocó la silla incómoda, la más fea que nadie quiere cuando la conversación empieza a girar alrededor de resultados electorales desastrosos, pérdida de identidad, dirigencias ausentes y pactos incómodos.

Porque el tema central no fue el café. Fue la derrota. Los malos resultados de la elección pasada flotaban sobre la mesa como el vapor de las tazas. Y el reclamo tenía destinatario claro: la dirigencia estatal. La presidenta y senadora Verónica Rodríguez —que según los asistentes anda más en el Senado que en el Comité— fue señalada con la cortesía de quien ya no espera respuestas, pero sí explicaciones. El diagnóstico es cruel pero sencillo: el partido que antes se asumía como oposición firme hoy parece sucursal administrativa del poder municipal.

Y ahí entró el nombre que incomoda: Enrique Galindo. El alcalde que no es azul, pero gobierna con muchos azules dentro. Porque cuando alguien preguntó por qué no se rompe con el alcalde si no representa la identidad panista, la respuesta fue tan honesta como devastadora: “Si rompemos con el alcalde, cerca de 150 panistas se quedarían sin trabajo” …  Silencio.

En política, pocas frases son tan sinceras. La ideología puede negociarse; la nómina no. Así quedó expuesta la paradoja: el partido que habla de principios, depende ahora de convenios laborales. La oposición que se dice firme no puede tensar la cuerda porque hay demasiados contratos colgando de ella.

Y mientras tanto, en la mesa se hablaba de unidad.

Unidad. Esa palabra que en el PAN suena cada vez más como trámite y menos como convicción. Porque unidad no es tomarse la foto; es compartir decisiones. Y el reclamo que salió del Mista fue claro: la dirigencia estatal no quiere compartir nada. Ni candidaturas, ni estrategia, ni espacios. Mucho menos poder.  Varios de los asistentes salieron con la sensación de que la senadora promete el mismo puesto a tres, cuatro o cinco personas distintas. Un ejercicio democrático de la ilusión. Todos creen que son los elegidos, hasta que llega la lista real y descubren que también había elegidos más elegidos.

Y en medio de todo, Juan Carlos Villalobos.  El ciudadano que convocó el desayuno. El empresario que quiere el distrito federal. El hombre que abrió la puerta cuando la dirigencia no quiso hacerlo. Ojalá no le estén viendo la cara. Porque para ese distrito ya hay tiradores formados. Algunos con méritos propios; otros con credenciales más útiles que los méritos: consejeros nacionales, cercanos a la dirigencia estatal, cercanos a la dirigencia nacional… o simplemente cercanos a los contactos correctos heredados con apellido y agenda incluida. En política, la fila no siempre es por capacidad; muchas veces es por cercanía.

El desayuno terminó sin rupturas, pero sin acuerdos públicos, sin fotos oficiales que hablaran de reconciliación histórica. Terminó como empiezan muchas cosas en el PAN potosino: con promesas de “seguir dialogando”.

El problema es que el tiempo no dialoga. Corre.

Y mientras el partido se debate entre su identidad extraviada y su dependencia laboral, el electorado ya tomó nota. Porque los ciudadanos perciben cuando un partido dejó de discutir ideas para discutir posiciones.  Lo más irónico es que Acción Nacional nació como oposición moral al poder. Hoy discute cómo sobrevivir dentro de él.

La unidad que dicen buscar parece más un pacto de no agresión que un proyecto político. Y mientras la dirigencia estatal administra silencios y el Senado absorbe agenda, los ex dirigentes desayunan convocados por un empresario.

Si el partido necesita que lo convoquen desde fuera para sentarse a hablar, el problema no es de logística. Es de liderazgo.  Quizá el desayuno no fue fracaso. Quizá fue síntoma.

Síntoma de un PAN que ya no sabe si quiere recuperar identidad o conservar empleos. Que habla de principios, pero calcula nóminas. Que promete candidaturas en plural y decide en singular.  Y que, entre café y reclamos, sigue repitiendo la palabra “unidad” como si por insistencia pudiera convertirse en realidad.  En Mista no se sirvió estrategia. Se sirvió diagnóstico.

Y el diagnóstico es incómodo: cuando la dirigencia no convoca, alguien más lo hace. Cuando el poder no se comparte, se fragmenta. Y cuando la política se reduce a administración de cargos, la ideología se vuelve decoración.

El PAN potosino ya desayunó. Ahora falta que despierte.

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