EL DICHARACHERO
Dichos para estos tiempos.
“Dewey, fuera de ahí, esa no es tu familia” …
Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 30 de enero de 2026
Para quienes, como yo, crecieron viendo Malcolm el de en medio, esta frase es memorable y me permito compartir el contexto, para aquellos que no recuerdan la escena: mientras la familia Wilkerson intenta, entre gritos y caos, tomarse una foto familiar, Dewey —el más pequeño— se escapa y posa sonriente con otra familia, tranquila, ordenada, armónica. Al verlo, Lois, su madre, le grita: “Dewey, fuera de ahí, esa no es tu familia”.
Algo parecido ocurre hoy con México en el debate sobre su lugar en el escenario internacional. En días recientes, tras el discurso de Mark Carney en Davos, no han faltado quienes sugieren que México debería asumir ese mismo papel y hablarle al mundo como si formara parte del grupo de potencias medias que buscan equilibrar a Estados Unidos y China.
El problema es que esa no es nuestra foto. Carney les habla a países desarrollados que no están en la cúspide, pero sí dentro del primer círculo económico global: Canadá, Australia, Corea del Sur y buena parte de Europa. México, simplemente, no pertenece a ese grupo.
Tampoco ayuda pensar que, pese a la ideología del actual gobierno, México puede mudarse de familia por afinidad política. No formamos parte del bloque de Venezuela, Cuba o Nicaragua; ni económica ni institucionalmente pertenecemos a ese grupo.
Nos guste o no, México es una economía emergente, con todo lo que eso implica: crecimiento desigual, dependencia comercial y márgenes de maniobra limitados.
Nuestra familia real —al menos desde el punto de vista económico— se parece más a India o Brasil que a Canadá o Alemania, aunque a veces quisiéramos posar en otra foto.
A esto se suman las voces alarmistas que advierten sobre una supuesta invasión estadounidense; hemos llegado incluso a confundir una alerta sísmica con una alerta de invasión. Trump ha hablado de incorporar a Groenlandia y se refiere a Canadá como el estado 51, pero conviene decirlo sin rodeos: a Trump no le interesa invadir México. Paradójicamente, si algo nos protege de esa fantasía, es su propio racismo; simplemente no nos quieren dentro de su familia.
La amenaza real es otra: la incertidumbre económica en la que vivimos y la posibilidad de intervenciones unilaterales en materia de seguridad, operativos selectivos y decisiones tomadas desde Washington bajo el argumento del combate al narcotráfico. No es una invasión clásica, pero sí una presión constante y profundamente asimétrica.
El problema de fondo es no aceptar a qué familia pertenecemos. Mientras México no asuma con claridad su lugar en el mundo, seguirá oscilando entre discursos que no le corresponden y miedos que no son reales. Sin esa definición, cualquier política exterior se vuelve errática: se reacciona más de lo que se decide y se improvisa más de lo que se planea.
Por ahora, toca entender a qué familia pertenecemos realmente y actuar en consecuencia. A final de cuentas, como diría Cristina Pacheco, “Aquí nos tocó vivir” …

