• 27 febrero, 2026 05:37

El dicharachero … Dichos para estos tiempos.

“Juntos, pero no revueltos…”

Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 27 de febrero de 2026

“Juntos, pero no revueltos”, es una expresión popular que describe cuando dos elementos comparten espacio sin mezclarse realmente. Hay cercanía, pero no integración; coincidencia práctica, no identidad común.

En política, muchas coaliciones funcionan así. No nacen de una fusión de ideas, sino de la necesidad de sumar votos. Mientras el objetivo compartido es claro, la fórmula funciona. El problema aparece cuando los intereses comienzan a divergir.

La relación entre MORENA y el Partido Verde responde a esa lógica. En el ámbito federal han construido una alianza estratégica más que ideológica (si es que aún existe alguna ideología).

El Verde ha demostrado una notable capacidad de adaptación: acompañó al PAN, después al PRI y ahora a MORENA como un integrante más de la llamada Cuarta Transformación.

En el ámbito estatal la historia tuvo un matiz distinto. En la pasada elección de gubernatura no hubo coalición formal entre MORENA y el Verde; MORENA postuló candidata propia. Sin embargo, desde la federación no se desplegó el respaldo político y operativo necesario para hacer frente al Verde. Ese contexto permitió que el Verde compitiera sin enfrentar toda la estructura federal en su contra y, finalmente, consolidara el triunfo.

Si MORENA y el Verde logran recomponer acuerdos en el ámbito federal y trasladan ese entendimiento al plano estatal, serían prácticamente una fórmula ganadora. La suma territorial del Verde y la narrativa nacional de MORENA harían muy difícil cualquier competencia real.

La segunda opción sería repetir la estrategia de la elección pasada: ir separados, pero sin un enfrentamiento auténtico. Eso podría incomodar al Verde, pero no necesariamente ponerlo en un riesgo mayor, si nuevamente no se activa la maquinaria federal.

La tercera opción —y la más interesante— sería que el desacuerdo nacional escale y se convierta en un rompimiento verdadero, no sólo discursivo. En ese escenario las condiciones cambiarían por completo. Porque una cosa es competir… y otra muy distinta es confrontarse.

De un lado, el Verde con el control del aparato estatal y su estructura territorial. Del otro, MORENA con la fuerza nacional, la narrativa dominante y una capacidad presupuestal considerable para operar políticamente.

En ese contexto, la pregunta no sería sólo quién tiene más fuerza, sino quién se mueve primero para construir nuevas alianzas y cuál sería la respuesta de quienes hoy se mantienen expectantes. Porque cuando el poder se disputa en serio, las neutralidades suelen durar poco.

Sin duda nos encontramos ante un posible cambio de paradigma. Habrá que esperar el acomodo a nivel federal para dimensionar sus alcances en el ámbito estatal. Pero si el rompimiento se vuelve auténtico, el próximo proceso electoral podría convertirse en el más interesante de los últimos años y reconfigurar por completo el mapa político local.

A fin de cuentas, el tiempo definirá. Y como diría Cristina Pacheco, aquí nos tocó vivir…

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