• 26 marzo, 2026 02:58

EL DICHARACHERO

Dichos para estos tiempos.

“Lo querían amarrar y lo terminaron enredando” …

Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 23 de enero de 2026

“Lo querían amarrar y lo terminaron enredando” es una frase que se usa cuando, por desconfianza o por un afán excesivo de control, alguien intenta asegurar algo con tantos nudos que acaba volviéndolo inmanejable.

Es la historia de quien, queriendo que nada se mueva ni se le escape, termina creando una maraña que ni él mismo puede desatar.

Algo muy parecido —o más bien mucho— es lo que hemos presenciado recientemente con la fallida reforma electoral en nuestro estado.

El enredo comenzó cuando el CEEPAC presentó una iniciativa cuya pieza central era establecer la exclusividad de género para la próxima gubernatura, lo que, lejos de percibirse como una acción afirmativa legítima en favor de las mujeres, fue leída como un traje a la medida de un proyecto político muy específico, lo que desde el inicio contaminó su legitimidad.

Pero el problema no fue solo la intención, sino la forma. Los diputados, actuando más como una oficialía de partes que como un verdadero poder deliberativo, aprobaron la iniciativa bote pronto, sin consulta a la ciudadanía, sin debate serio y sin medir las consecuencias jurídicas y políticas de lo que estaban votando.

Se quiso “amarrar” el escenario electoral de 2027 con tal premura que se olvidó algo elemental: construir consensos, incluso con un actor clave que históricamente se ha tomado en cuenta en estas reformas, la federación.

El resultado fue predecible. Lo que pretendía ser una jugada maestra terminó convertido en un nudo gordiano.

La norma nació frágil, jurídicamente expuesta y políticamente vulnerable; tan así que el ejercicio del derecho al veto funcionó como un freno de mano ante un choque inminente, pues continuar por esa ruta habría significado dejar en manos de los tribunales la resolución de una reforma difícilmente sostenible.

Ahora, la iniciativa regresará al Congreso para ser nuevamente discutida, exhibiendo no solo improvisación legislativa, sino algo más preocupante: la ausencia de equipos técnicos con oficio político que comprendan que, en materia institucional, la forma también es fondo.

Gastar capital político en atajos normativos es el síntoma más claro de un sistema político que confunde control con imposición y rapidez con eficacia.

El acceso al poder y la permanencia en la relevancia política no se logran amañando reglas ni intentando asegurar resultados de antemano, sino invirtiendo en cuadros capaces de medir tiempos, procesos y consecuencias.

Porque cuando se quiere dejar todo amarrado por la fuerza, lo único que se consigue es quedar atrapado en el propio enredo.

A fin de cuentas, como diría Cristina Pacheco, “Aquí nos tocó vivir” …

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