• 21 marzo, 2026 19:35

Ecos de una gran auditoría que viene a la UASLP

Por: El Ángel guardián / 11 de noviembre de 2025

Imagínese usted la siguiente escena de días pasados: las facultades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) están alborotados; las facultades tomadas por líderes estudiantiles con megáfonos, habilitados por la emergencia de la situación e improvisados por la incompetencia de los líderes “formales”; la indignación en el tono más alto; la conciencia universitaria queriendo despertar, pero a la vez, somnolienta por tanto tiempo en letargo… y en medio del caos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) surge como quien llega a una fiesta con un ramo de flores marchitas para anunciar: «Señores: (redoble de tambores y toque de diana)… esta universidad por más han querido usar la autonomía como defensa a la opacidad, va a ser auditada».

No bastan los argumentos de que se le paga a un despacho externo por auditar a la máxima casa de estudios o que la auditoría federal hace lo mismo aleatoriamente, con la “casualidad” de que a algunos de sus funcionarios se le ha otorgado el “Honoris Causa” aunque sus méritos no sean suficientes. Se abre la puerta a la oportunidad de auditar los recursos propios, que en poco tiempo se proyecta llegarán a 1,000 millones de pesos al año y de los que la UASLP no rinde cuentas; con los que se pagan parte de las altísimas y ofensivas pensiones a ex rectores y ex funcionarios, sin importar resultados o negocios hechos a la sombra de la opacidad.

Porque, en efecto, la SCJN determinó que la UASLP no es un órgano constitucional autónomo que pueda ampararse en la autonomía para esquivar la fiscalización estatal, sino un organismo descentralizado del estado, sujeto al escrutinio del Instituto de Fiscalización Superior del Estado (IFSE). 

¿Y por qué justo ahora? Porque mientras los alumnos no saben bien qué pedir, ni para qué lado están tirando, se pretende diluir la crisis mayor, —esa humareda que, si fuese teatral, ya sería comedia negra— en la Facultad de Derecho por la denuncia de la violación a una joven estudiante y las inconformidades se multiplican, el rector parece más ocupado en irse de viaje a las citas agendadas por su aliado y amigo, ahora morenista y funcionario de gobernación federal, que bien conoce a la universidad y al gobierno del estado y en acusar al estado, que en dialogar con los estudiantes y resolver la crisis.

En ese contexto, el fallo de la SCJN llega como balde de agua helada sobre el rector y su equipo, por más que tengan en la opacidad el pago de la “asesoría” de lectores de noticias y empresarios interesados más en negocios que en la educación de la juventud, formando un coctel de por lo menos 3 ingredientes:

  • Autonomía universitaria vs. rendición de cuentas.

La universidad proclama altiva su autonomía: «Nosotros decidimos, somos libres, autonomía total». Pues bien, eso vale para los planes de estudio, para los calendarios y para dónde ponen el busto del fundador, pero la SCJN sentenció: «Sí, tienes autogobierno, pero no eres un órgano autónomo al nivel del IFAI o de las comisiones de derechos humanos. Tus finanzas sí pueden revisarse». 

Resultado: Adiós al pretexto de «no somos auditables».

  • El auditor del estado afila navajas y procedimientos. El IFSE tiene en el radar tres ejercicios fiscales (2022, 2023 y 2024) que suman cerca de 1,800 millones de pesos en recursos de la UASLP sujetos a revisión y su titular, Rodrigo Lecourtois López señala directamente al hablar de sanciones “con nombres y apellidos”. Traducción: si las auditorías salen mal, algunos van a pagar de su bolsillo, dejar la silla y sus pretensiones políticas.
  • El contexto perfecto para un escarnio público.  Mientras la universidad está en crisis tras crisis de diversos orígenes, pero siempre con la misma mala operación, con exigencias de despidos disfrazados de renuncias, acusaciones cruzadas, tomas, “estamos cansados” y “exigimos justicia”, la SCJN entra al escenario como ese árbitro que pita penal cuando ya habías olvidado el balón. La resolución cae mal, pero cayó justo en el momento en que el rector y su equipo tienen menos defensas que un castillo de naipes en huracán.

Aquí entonces, la verdadera pregunta es: ¿qué tan preparada está en este momento la UASLP para estas auditorías? Porque sin duda ha habido descuido, negligencia y soberbia o ¿Confían demasiado en que la autonomía universitaria es sinónimo de impunidad financiera?, por lo que deberían considerar algunas observaciones provocadoras:

  1. Si la UASLP ha generado recursos propios que exceden la aportación estatal (un 283 % en 2022, por ejemplo), ¿Por qué no estaban listos comprobantes, facturas o informes? ¿Por qué negarse a la fiscalización?
  2. Mientras se exigía la renuncia del rector, no se veía una propuesta constructiva de los estudiantes —o la comunidad universitaria en general— sobre qué administración quieren, qué transparencia exigen, cómo participar y surge la fórmula mal sana de: Estudiantes divididos + rector acusando al gobernador + universidad en paro = caldo de cultivo para que el auditor diga “ahí te va”.
  3. La autonomía es buena sin duda alguna; pero una autonomía sin rendición de cuentas se vuelve una cárcel de cristal: puedes decir que eres libre, pero si te auditan y no presentas cuentas, la credibilidad se desploma.

Que alguien le diga al rector y a los funcionarios universitarios que la resolución de la SCJN no es un “golpe”, es un mensaje. No basta pregonar la autonomía cada que haya un problema que la civilidad democrática y la gobernanza exige y pone en riesgo la transparencia, la confianza de los estudiantes y la rendición de cuentas y, no olvidemos la necesidad del uso correcto de los recursos que al final del día pertenecen a los jóvenes, a la institución y a la sociedad; así que, es hora de dejar el llanto en los pasillos, los apuntes de “nos quieren someter” y prepararse para que salgan a luz números, contratos y facturas. Y, a los alumnos: no esperen sólo que el auditor venga a transparentar lo hasta hoy opaco: participen en la vigilancia, porque si la universidad se convierte en una caja negra, todos salimos perdiendo —y no está de más decirlo con un poco de sarcasmo: verán que la auditoría gustará menos que el paro, pero seguramente hará más por limpiar la casa.

La SCJN ha puesto el dedo en la llaga, esperemos que la UASLP ceda y triunfe la cordura, la transparencia y la educación.