El arte de acomodar los porcentajes:
El caso de Gallardo y las encuestas “espejo”
Reflexiones de Samuel Moreno ✒️ / 29 de enero de 2026
Mientras varias casas encuestadoras nacionales cerraron 2025 con evaluaciones poco favorables para el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, su mando estatal y medios afines han optado por difundir únicamente una medición que lo coloca en la cima.
El contraste no es menor: Arias Consultores ubicó al mandatario potosino en el lugar 16 del ranking nacional, mientras que Cipres lo relegó hasta la posición 21 en aceptación ciudadana.
En ambos casos, lejos del discurso de alta aprobación.
En sentido opuesto, la encuesta de Consulta Mitofsky —la única que se ha promovido de forma sistemática desde instancias oficiales— presenta a Gallardo como uno de los gobernadores mejor evaluados del país.
Dos realidades, un mismo periodo y un mismo personaje público.
Algo, claramente, no embona.
La disparidad de resultados abre un debate que va más allá del gobernador en turno: la crisis de credibilidad de las encuestas de aceptación en México.
Cada vez es más frecuente que estas mediciones aparezcan vinculadas a intereses gubernamentales o políticos, con financiamientos opacos y metodologías que rara vez se explican con claridad.
El resultado es un mercado de encuestas donde los números se acomodan según quién paga y quién publica.
No es casual que solo una medición sea amplificada desde el aparato gubernamental, mientras las demás simplemente se ignoran.
La selección de cifras convenientes se ha vuelto una estrategia recurrente para sostener narrativas de éxito, aun cuando otros estudios muestran un escenario distinto.
El problema de fondo no es si Gallardo está en el lugar 5, 16 o 21.
Realmente el problema es:
¿Qué tan confiables son los instrumentos que pretenden medir la percepción ciudadana?, y, ¿Qué tan ético resulta utilizar encuestas como herramientas de promoción política?
Cuando los números se convierten en propaganda, la opinión pública deja de informarse y comienza a desconfiar.
Hoy, las encuestas ya no solo miden aceptación; también exhiben quién las usa y con qué intención.
Y en ese terreno, las dudas pesan más que cualquier porcentaje favorable.

