Caprichos y desaires ante los buenos ciudadanos.
Reflexiones de Samuel Moreno ✒️ 18 de septiembre de 2026
La escena, de ser como quedó registrada en videos y testimonios de asistentes, deja una pregunta que va más allá del balcón de Palacio: ¿Qué lugar ocupa la política cuando quienes desfilan son precisamente quienes todos los días salen a atender emergencias?
Este 16 de septiembre, el desfile cívico-militar reunió cerca de 4 mil participantes entre corporaciones de seguridad pública, instituciones educativas, Fuerzas Armadas y cuerpos de auxilio, bomberos, charros y la Cruz Roja, estando entre ellos también, elementos de Seguridad Pública del ayuntamiento de la Capital y Protección Civil y personal paramédico también municipal.
El detalle que llamó la atención fue que el gobernador Ricardo Gallardo Cardona habría abandonado el balcón de Palacio de Gobierno durante el paso del contingente municipal.
No es un hecho menor si se considera que quienes marchaban no eran dirigentes partidistas ni representantes de una corriente política, sino trabajadores cuya función es atender accidentes, rescatar personas y responder cuando la ciudadanía más los necesita.
Y lo que vuelve todavía más llamativa la escena es que no parece ser un episodio aislado.
En el desfile del 16 de septiembre de 2025 ocurrió una situación similar: el mandatario estatal se retiró también durante algunos minutos del balcón de Palacio de Gobierno, precisamente cuando pasaban las fuerzas y cuerpos municipales de la capital.
Un año después, la imagen vuelve a repetirse y difícilmente puede pasar inadvertida.
Dos años, dos desfiles y una misma escena.
Eso, por lo menos, alimenta la percepción de un desaire hacia el gobierno municipal encabezado por Enrique Galindo Ceballos, en medio de una relación política que desde hace tiempo ha estado marcada por diferencias, desencuentros y una evidente distancia entre ambos gobiernos.
Pero aquí está lo verdaderamente incómodo: Quienes pasan frente al balcón no son responsables de esas diferencias.
Son hombres y mujeres que salen todos los días a las calles para atender accidentes, auxiliar a personas, prevenir riesgos y brindar seguridad a las familias potosinas.
Muchos de ellos trabajan mientras otros descansan, enfrentan situaciones de riesgo y responden a llamados que nadie quisiera recibir.
Por eso, el episodio termina adquiriendo una dimensión distinta.
Una diferencia política puede ser entendible dentro de la dinámica de los gobiernos y los partidos; convertirla en un gesto que alcance a quienes están cumpliendo con su trabajo es otra cosa.
Porque un desfile patrio debería servir precisamente para lo contrario: recordar que las instituciones están por encima de sus titulares y que quienes las integran merecen respeto por su servicio.
Gallardo puede tener diferencias políticas con el Ayuntamiento de San Luis Potosí; lo que no debería perderse en medio de ellas es la cortesía institucional.
Al final, los paramédicos, policías, rescatistas y trabajadores municipales no desfilan por un alcalde ni por un gobernador.
Desfilan por la ciudadanía.
Y resulta desafortunado que, en medio de una disputa política que no les corresponde, el esfuerzo de quienes todos los días ponen el cuerpo por los potosinos termine en segundo lugar frente a lo que parece ser un capricho político.
La escena dura apenas unos minutos. La señal que deja, en cambio, permanece mucho más tiempo.
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