El dicharachero: Dichos para estos tiempos.
“Al pan, pan y, al vino, vino”
Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 4 de septiembre de 2026
El dicho de esta semana parece una instrucción bastante sencilla: al pan se le llama pan y al vino, vino.
Es decir, llamar a las cosas por su nombre, sin tantos rodeos ni palabras rebuscadas.
Pero parece que en el Gobierno federal últimamente prefieren complicarse un poquito más.
Hace unos días, el Tren Maya volvió a presentar un incidente. Una rueda del último vagón terminó fuera del riel y los pasajeros tuvieron que bajar para continuar su recorrido por otros medios. Afortunadamente no hubo lesionados ni consecuencias mayores.
Sin embargo, el comunicado oficial encontró una manera bastante peculiar de describir lo sucedido: el tren había sufrido un “percance de vía”.
No un descarrilamiento. Un “percance de vía”.
Podremos discutir hasta el cansancio la definición técnica de cada término, pero el hecho es bastante sencillo: una rueda terminó donde no debía estar.
Y ése es precisamente el problema de cambiarle el nombre a las cosas: las cosas no se enteran.
Uno podría pensar que aquello fue simplemente exceso de tecnicismo, hasta que escucha los spots del Segundo Informe de Gobierno.
En uno de ellos, la presidenta Claudia Sheinbaum enumera las buenas noticias de la economía nacional: presume empleo, estabilidad del peso, inversión y otros indicadores que presentan un panorama bastante alentador.
Y seguramente habrá cifras que respalden cada afirmación.
El problema aparece cuando ese México de los indicadores se compara con el México que encontramos al salir a la calle.
Porque una cosa es que nos digan que el peso está fuerte y otra que nuestro dinero alcance.
Una cosa es presumir buenos números de empleo y otra muy distinta lo que cada familia enfrenta para llegar a fin de mes.
Pero el remate del spot merece mención aparte: la presidenta presume que durante su gobierno no ha habido “gasolinazos”.
Quizá el problema nuevamente sea de lenguaje.
Porque podrán explicarnos qué entiende técnicamente el gobierno federal por gasolinazo, pero para quien necesita llenar el tanque la realidad es mucho más sencilla: la gasolina sigue costando un ojo de la cara y durante este periodo de la 4T, también hemos visto subir sus precios.
Podemos llamarle estabilidad, ajuste, actualización o encontrar cualquier otro término que suene menos desagradable. El automóvil, sin embargo, seguirá necesitando los mismos litros y nuestro bolsillo seguirá pagando la cuenta.
Y ése parece ser el verdadero problema: no necesariamente se niega la realidad, simplemente se escogen cuidadosamente las palabras con las que habrá de contarse.
Una rueda fuera del riel se convierte en un “percance de vía”. Una gasolina carísima convive perfectamente con la afirmación de que “no hubo gasolinazos”. Y una economía que millones sienten complicada puede presentarse como una colección de buenas noticias si elegimos los indicadores adecuados.
Un informe de gobierno está hecho para presumir resultados. Sería absurdo esperar que una presidenta dedicara sus spots a enumerar todo lo que ha salido mal. Pero una cosa es destacar los logros y otra pretender que las palabras cambien aquello que vivimos todos los días.
Porque ése es el inconveniente de la realidad: tiene la mala costumbre de no leer comunicados de prensa.
Por eso, entre tantos tecnicismos, indicadores y nuevas formas de llamar a los mismos problemas, quizá convendría regresar a lo sencillo.
Al pan, pan y al vino, vino.
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