• 27 agosto, 2026 06:54

Del “PRI inmortal”, al “PRI necesita aliados”

Apuntes del periodista Samiel Moreno ✒️ 27 de agosto de 2026

La visita de Alejandro Moreno Cárdenas a San Luis Potosí dejó un mensaje mucho más revelador de lo que el dirigente nacional del PRI quizá pretendía.

Detrás de la convocatoria a construir una “amplia coalición” para enfrentar a MORENA parece esconderse una preocupación bastante más terrenal: la posibilidad de que el PRI y el PAN lleguen a 2027 con una fuerza electoral insuficiente para garantizar su propia supervivencia política en el estado.

Cuando un partido comienza a hablar de sumar a todos antes de hablar de sus propios números, de repartir candidaturas antes de definir quién puede competir y de cerrar filas con fuerzas que hasta hace poco estaban en trincheras distintas, más que fortaleza empieza a percibirse cierta desesperación.

El llamado de Alito Moreno adquiere todavía más sentido frente a la dificultad de construir una alianza con quienes, en teoría, deberían ser sus aliados naturales.

El PAN y Movimiento Ciudadano no parecen estar dispuestos, al menos por ahora, a subirse sin condiciones a un proyecto encabezado por el PRI. Y eso coloca al tricolor ante una realidad incómoda.

Si no logra sumar votos propios, si tampoco consigue atraer a los partidos de oposición y si una parte del electorado que tradicionalmente respaldaba al priismo ya encontró otras opciones, entonces la pregunta deja de ser quién encabezará la coalición y comienza a ser si el PRI tendrá la fuerza suficiente para mantenerse como una opción competitiva en San Luis Potosí.

Ahí es donde la visita de Moreno Cárdenas se vuelve políticamente interesante.

El dirigente nacional insiste en que el PRI es “inmortal”, que lleva décadas cayendo y regresando, pero la inmortalidad partidista no sirve de mucho si la urna no alcanza para conservar presencia.

El riesgo de perder el registro estatal, en caso de no cumplir con la votación mínima que exige la legislación electoral, no es un asunto menor ni una exageración discursiva.

Para un partido que alguna vez tuvo el control prácticamente absoluto del país y del estado, terminar peleando por conservar su existencia formal resulta, por sí mismo, un retrato bastante crudo de la transformación del sistema político mexicano.

Y entonces, aparece el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), precisamente el partido que durante años fue visto desde el priismo y el panismo como parte del bloque político que hoy cuestionan.

Moreno Cárdenas no descartó una alianza con el PVEM y reconoció que existen conversaciones, algo que adquiere especial relevancia porque el Verde gobierna San Luis Potosí y mantiene una relación política con MORENA que, al menos en el terreno local, no parece tener la solidez de otros momentos.

Es una ironía difícil de ignorar. El PRI llega a San Luis Potosí denunciando a MORENA, responsabilizándolo de buena parte de los males del país y convocando a una gran coalición para detenerlo, pero al mismo tiempo deja abierta la puerta para sentarse con el partido que actualmente gobierna el estado bajo una bandera política que ha mantenido alianzas con el propio MORENA.

La política, por supuesto, no suele tener demasiados escrúpulos con las contradicciones cuando hay elecciones de por medio.

Lo que ayer parecía imposible puede convertirse mañana en una mesa de negociación. El problema es que una alianza entre PRI y Verde tendría que explicarse mucho más allá de las dirigencias: ¿Qué tienen en común? ¿Qué proyecto compartirían? ¿Quién pondría al candidato? ¿Qué espacios entregaría cada uno? Y, sobre todo, ¿cómo convencerían al ciudadano de que no se trata simplemente de una operación para conservar posiciones y evitar que otros partidos crezcan?

Si la respuesta se reduce a “hay que detener a MORENA”, probablemente será insuficiente para un electorado que ya ha demostrado que puede cambiar de camiseta cuando considera que una opción dejó de representarlo.

Lo más paradójico es que el discurso del PRI parece caminar sobre dos caminos al mismo tiempo.

Por un lado, Moreno Cárdenas presume que el partido está vivo, que tiene perfiles y que su militancia sigue firme. Por otro, admite que necesita una coalición lo más amplia posible, incluso contemplando la alternancia de candidaturas para gubernatura y alcaldías.

Esa contradicción habla por sí sola. Un partido realmente fortalecido buscaría aliados para ampliar una ventaja, mientras que uno debilitado los necesita para evitar quedar fuera de la competencia.

Y si además existe el temor de no alcanzar por sí mismo el porcentaje necesario para conservar su registro, entonces la alianza deja de ser solamente una estrategia electoral y comienza a parecer una cuestión de supervivencia.

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