• 12 junio, 2026 05:21

El dicharachero: Dichos para estos tiempos.

Al pueblo, pan y circo…

Reflexiones de Daniel Gutiérrez / 12 de junio de 2026

La expresión de esta semana tiene más de dos mil años de antigüedad y, sin embargo, pareciera haber sido escrita para nuestros tiempos.

La frase se atribuye al poeta romano Juvenal, quien criticaba cómo una parte importante de la sociedad romana había dejado de interesarse por los asuntos públicos y había reducido sus aspiraciones a dos cosas: comida y entretenimiento.

Panem et circenses, escribió en una de sus sátiras. Pan y circo.

Según Juvenal, mientras el pueblo tuviera alimento y espectáculos, cada vez parecía preocuparse menos por quién gobernaba o cómo se tomaban las decisiones que afectaban su vida cotidiana.

Han pasado siglos desde entonces. El Imperio Romano desapareció, los emperadores quedaron en los libros de historia y los circos dejaron de existir. Sin embargo, la idea sigue teniendo una vigencia sorprendente.

Y basta observar lo que ocurre cada vez que aparece un gran espectáculo capaz de capturar la atención colectiva.

Durante las próximas semanas hablaremos de convocatorias, alineaciones, uniformes, ceremonias de inauguración y pronósticos deportivos. Las conversaciones en oficinas, escuelas y redes sociales girarán alrededor de los partidos y los resultados.

Y no hay nada de malo en ello.

El futbol forma parte de la vida cotidiana de millones de personas y los grandes eventos deportivos suelen convertirse en espacios de convivencia y celebración colectiva.

El problema aparece cuando el entretenimiento deja de ser una pausa y se convierte en una sustitución de la realidad.

Porque mientras la conversación pública se concentra en el espectáculo, temas como la inseguridad, la corrupción, la economía o las decisiones gubernamentales, comienzan a desaparecer temporalmente del debate.

Y sería muy cómodo culpar únicamente a quienes organizan el espectáculo. Después de todo, la crítica de Juvenal no estaba dirigida solamente a los gobernantes romanos. También estaba dirigida a los propios ciudadanos.

Porque para que exista pan y circo no basta con que alguien ofrezca entretenimiento. También es necesario que exista una sociedad dispuesta a cambiar la discusión de sus problemas por una distracción suficientemente atractiva.

Quizá por eso la frase ha sobrevivido durante casi dos mil años. Porque no habla únicamente de Roma. Habla de una tentación humana que sigue tan vigente como entonces: la de preocuparnos más por el espectáculo que por aquello que realmente determina nuestro futuro.

Después de todo, los emperadores desaparecieron, Roma cayó y los circos dejaron de existir. Pero el pan y el circo siguen aquí.

Y si algo nos enseña la historia, es que los problemas ignorados durante demasiado tiempo no desaparecen. Simplemente esperan a que termine la función.

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