“Fundadores United”: El clásico potosino rumbo al mundial…
Apuntes de Rolando Morales ✒️ /18 de mayo de 2026
Hay ciudades que convierten el futbol en fiesta. San Luis Potosí, en cambio, amenaza con convertir el Mundial 2026 en otro episodio de litigio político con gradas incluidas. Aquí no se juega un México vs Sudáfrica: aquí el clásico es el Ayuntamiento de la capital contra Gobierno del Estado, disputándose la posesión de la Plaza de Fundadores como si fuera el último balón del minuto 93.
La cancha ya está marcada. De un lado, el alcalde Enrique Galindo Ceballos asegura que sí habrá transmisiones mundialistas en Fundadores, respaldado dice por estudios del Colegio de Ingenieros y de la Facultad de Ingeniería. Del otro, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona y la Coordinación Estatal de Protección Civil levantan tarjeta amarilla: que la plaza podría colapsar, que faltan dictámenes, que mejor se vayan al estadio Libertad Financiera y todos felices, como adelantó el mandatario estatal.
Y así, sin que ruede todavía el balón, ya empezó el partido más potosino de todos: el de las competencias, los permisos y las declaraciones cruzadas.
Lo fascinante del caso no es la discusión técnica que debería existir sino la puntual elasticidad política de las preocupaciones estructurales. Porque resulta que la Plaza de Fundadores soportó conciertos, templetes, iluminación, pantallas, miles de asistentes y hasta el trajín completo del Festival “San Luis en Primavera”, sin que desde Palacio se escuchara un dramático “¡riesgo de colapso!”. Nadie vio a Protección Civil estatal calculando cargas dinámicas entre aplausos y canciones. No hubo conferencias alertando que brincar durante un concierto podía mandar la plancha al estacionamiento subterráneo.
Pero bastó que apareciera la palabra “Mundial” en un proyecto municipal para que Fundadores pasara de plaza histórica a presunta trampa mortal.
Claro, la ironía alcanza niveles barrocos cuando se recuerda que el propio Ayuntamiento ha puesto freno a otros proyectos en ese mismo espacio bajo argumentos estructurales.
Ahí está el episodio del arbolado urbano: plantar árboles en Fundadores debía esperar porque primero había que revisar y rehabilitar el estacionamiento subterráneo, que incluso requiere apuntalamientos. Es decir, para poner raíces había cautela; para poner pantallas gigantes y tres mil aficionados gritando un gol de México, aparentemente sí alcanza la resistencia calculada por los ingenieros.
La plaza, pobre plaza, ya no sabe si es un patrimonio histórico, un estadio alterno, un estacionamiento vulnerable o un laboratorio de mecánica de suelos.
Y en el fondo, el pleito local no es más que un espejo reducido de lo que ocurre en todo el país con la Copa Mundial de la FIFA 2026. Todo empieza a girar alrededor del torneo: rehabilitaciones apresuradas del Metro en la Ciudad de México para llegar “presentables” al escaparate internacional, debates educativos atravesados indirectamente por la logística mundialista y gobiernos obsesionados con la vitrina antes que con resolver de fondo los servicios cotidianos. Como si el Mundial no fuera un evento temporal, sino un nuevo modelo de administración pública.
Y en medio del debate técnico, aparece la verdadera especialidad de la política potosina: la administración selectiva de las alarmas. Si el evento lo organiza uno, la estructura “ya fue probada”. Si lo impulsa el adversario, entonces emergen las “cargas dinámicas”, las trabes fatigadas y el fantasma del colapso. La ingeniería convertida en herramienta discursiva. Newton militando según la coyuntura.
Al final, quizá el Mundial sí llegue a Fundadores. O quizá termine mudado al Libertad Financiera en nombre de la prevención institucional. Pero más allá de la sede, lo verdaderamente garantizado es que San Luis volverá a hacer lo que mejor sabe: transformar cualquier proyecto público en una disputa de poder con estética de conferencia de prensa.
Porque aquí el balón rara vez toca el césped. Aquí siempre rebota primero en la política.

