• 30 marzo, 2026 05:18

El PAN que se canta a sí mismo…

Por: El Ángel guardián / 30 de marzo de 2026

  • El sábado 21 de marzo, el Partido Acción Nacional quiso vender la idea de un relanzamiento. Quiso proyectar ánimo, apertura, renovación, músculo. Quería verse como un partido vivo, pero entre la escenografía, los coros, la euforia dirigida y el discurso inflado, lo que terminó exhibiendo, fue a un partido que confunde propaganda con identidad, espectáculo con rumbo y acarreados con participación.
  • Jorge Romero presentó su anuncio como si se tratara de una sacudida histórica, pero no fue así, aunque sí, hubo anuncio: el PAN abrirá sus candidaturas a ciudadanos, con un método que incluye encuestas, firmas, entrevistas y elecciones abiertas. El mensaje oficial fue que el partido se abre, deja atrás inercias, que quiere ser competitivo y que está dispuesto a postular incluso a perfiles que no militen formalmente en sus filas. En el papel suena moderno. En la narrativa, hasta seductor. En la realidad, no dice nada de fondo o, mejor dicho, nada que MORENA no haya propuesto con algunas diferencias.
  • Porque abrir candidaturas no es una doctrina. No es una estrategia integral. No es una definición ideológica. Mucho menos es una garantía de éxito. Es apenas un mecanismo que por sí solo, no resuelve la crisis de credibilidad, identidad y conducción que arrastra el panismo desde hace años. Lo que el PAN presentó como “la decisión más importante” parece más una confesión involuntaria de su vacío: cuando un partido convierte un método en acontecimiento histórico, en realidad está reconociendo que ya no tiene mucho más qué ofrecer que procedimiento, marketing y frases que responden a las coyunturas políticas y sociales.
  • La imagen del evento no ayudó. Al contrario. La escena de la militancia coreando, siguiendo el ritmo del dirigente, acompañando el relanzamiento como si se tratara de una ceremonia de autoafirmación, terminó reflejando un partido encapsulado en su propia puesta en escena. No se vio un PAN deliberando, pensando o debatiendo al país, se vio un PAN cantándose a sí mismo, tratando de convencerse sin éxito, que todavía emociona, que todavía ordena, que todavía representa algo más que una oposición cansada buscando re lanzarse.
  • Y ahí está el problema de fondo: mientras se hablaba de apertura, lo que en realidad quedó sobre la mesa fue la más vieja de las prácticas políticas mexicanas, aunque ahora vestida con lenguaje de innovación. “Estamos abiertos”, dicen. “Cabe quien tenga trabajo”, repiten. “No importa si no es panista”, insisten. Es decir: el PAN ya no está postulando identidad partidaria, sino utilidad electoral. Ya no defiende que sus cuadros sean producto de una formación política propia, sino que cualquiera que mida, sirva o convenga puede entrar por la puerta principal. Eso no necesariamente es pragmatismo inteligente; puede ser, también, señal de agotamiento. Un partido que deja de creer en sí mismo siempre empieza por buscar afuera lo que ya no encuentra adentro.  Y en San Luis Potosí, esa contradicción se vuelve todavía más grotesca.
  • Porque mientras la dirigencia estatal venía diciendo, apenas el 19 de marzo, que “el PAN va a apostar por el PAN”, que competiría con identidad propia, sin confusiones ni simulaciones, y que Enrique Galindo había llegado a la alcaldía con un respaldo donde Acción Nacional fue determinante, la política real iba por otro carril: Galindo ya había sido reconocido por el PRI como “Defensor de México”, él mismo había dicho que eso no rompía su coalición y hasta dejó entrever que el PAN podría construirle una figura semejante.
  • Semanas antes, además, había presumido su cercanía con dirigencias nacionales tanto del PRI como del PAN y recordado que era aliado de Acción Nacional.
  • Ese es el verdadero retrato del momento potosino: un PAN local que habla de congruencia mientras normaliza la ambigüedad; que denuncia “confusiones” mientras cohabita políticamente con ellas; que dice apostar por sí mismo mientras sigue orbitando alrededor de un liderazgo externo, prestado, útil, pero ajeno. Si de verdad el PAN cree en su identidad, entonces tendría que actuar en consecuencia. Si de verdad cree que las definiciones importan, entonces tendría que asumir que no se puede sostener al mismo tiempo un discurso de pureza doctrinal y una práctica de acomodo pragmático con perfiles formados en otra cultura política.
  • Por eso no sorprende que el cierre de este episodio haya sido casi perfecto en su ironía: la dirigente estatal Verónica Rodríguez fue nombrada integrante de la Comisión Permanente Nacional del CEN panista, uno de los órganos más relevantes en la toma de decisiones del partido, a propuesta de Jorge Romero y durante la misma sesión del Consejo Nacional. Es decir, mientras el panismo potosino sigue sin resolver su deterioro político, su pérdida de centro de gravedad y su dependencia de figuras ambiguas, la responsable local no recibe revisión, sino ascenso. No hay autocrítica: hay premio.
  • Y ese detalle no es menor. Dice mucho de la lógica interna del PAN actual. En vez de evaluar resultados, premia alineamientos. En vez de corregir rumbos, reparte posiciones. En vez de preguntarse por qué en tantos estados su marca se diluye, decide administrar el problema con cargos, discursos y ceremonias. La señal para la militancia es demoledora: no importa si el partido se debilita, si se vuelve satélite, si pierde perfil o si entrega su espacio a candidaturas prestadas; mientras se mantenga la disciplina con el centro, siempre habrá lugar en la mesa.
  • Verónica Rodríguez puede interpretar este nombramiento como una consolidación personal y seguramente lo hará. Puede verlo como plataforma nacional, como credencial de ascenso, como boleto para futuras disputas internas. Está en su derecho. El problema no es su ambición; el problema es lo que esa ambición está dejando detrás en San Luis Potosí. Porque si rumbo a 2027 el panismo potosino termina por desdibujarse aún más, por subordinar su identidad a cálculos de coyuntura y por dejar de ser opción propia para convertirse apenas en vehículo de proyectos ajenos, entonces ese “premio” nacional no será una medalla al liderazgo, sino la constancia burocrática de una derrota política maquillada.
  • Lo más delicado para el PAN, es que esta historia no es únicamente potosina. Es nacional. El partido dice que se abre a la ciudadanía, pero no logra explicar para qué proyecto de país se abre. Dice que habrá reglas, pero no define todavía una narrativa poderosa. Dice que competirá en serio, pero sigue atrapado entre el miedo a desaparecer solo y la vergüenza de seguir dependiendo de alianzas o candidaturas que contradicen su discurso. Y así, entre jingles, eventos masivos, anuncios grandilocuentes y cargos repartidos, el PAN corre el riesgo de seguir administrando su decadencia como si fuera sólo un relanzamiento de marketing.
  • Al final, lo preocupante no es que hayan cantado. Lo preocupante es por qué cantan: para no escuchar el vacío inmenso en el que se encuentran.

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